El efecto Troxler ocurre cuando fijas la mirada en un punto durante varios segundos y los estímulos periféricos, como los círculos de alrededor, comienzan a desaparecer porque el cerebro se adapta a señales que no cambian: al reducirse los micro movimientos involuntarios de los ojos, la imagen queda estable en la retina, las neuronas disminuyen su respuesta y la corteza visual filtra esa información por considerarla irrelevante, priorizando el estímulo central; así, los círculos no dejan de existir, sino que el cerebro deja de representarlos conscientemente, ya que está diseñado para detectar cambios y no estímulos constantes.
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El resultado es que cada vez te encuentras más desorientado, perdido y, consecuentemente, desconectado de ti. Inmerso en ese exterior, absorbido por el mismo, intentas tapar esto que sientes con más estímulos, más actividad, más distracción.
Mientras tanto, la vida te susurra a través de las situaciones que te encuentras, y que con toda probabilidad se repiten (cada vez más fuertes, ¿te suena?). Nada es casual, pero tú así lo interpretas. Es entonces, cuando el cuerpo comienza a hablarte: una molestia, una tensión... Sin embargo, harás lo de siempre: tapar, anestesiar y continuar. Entonces tu cuerpo, ya no hablará, gritará, implorando que hagas algo. A pesar de ello, volverás a ignorar sus señales, pues total y absolutamente focalizado en las cosas el mundo, tu atención se centrará ahí.
El impacto entonces llegará, sacudiéndote de arriba a abajo, el parón ya no es opcional, es obligatorio, e incrédulo te preguntarás ¿por qué a mi?
No te das cuenta que no fue de repente, que hubo señales, muchas, y repetidas. Sin embargo, tu foco de atención estaba lejos, muy lejos de ti, tan lejos que no supiste darte cuenta de ello.
Recuerda que la vida no deja de mostrarte lo que necesitas, pero eres tu quién elige donde pone su foco de atención. Salir de ese estado de inercia no es fácil, no es suficiente con “mirar hacia dentro”. Para ello debes salir del ruido externo, darte cuenta de lo que hay delante de ti a nivel externo, sin evasiones, sin interpretaciones... sin defensas. Sólo así podrás comenzar a dirigir la mirada hacia el lugar en el que siempre debió estar: tu interior. Sólo así podrás realmente salir del estado de sonambulismo en el que llevas toda tu vida.
