Te encuentras inmerso en un estado en el cual lo principal es la evitación del sufrimiento y la búsqueda del bienestar. Para ello, te centras en cambiar las conductas que se interponen en la consecución de tal fin, o en mantener las que te ayudan en el mismo. Si no encuentras la forma en la que debes proceder, te preguntarás: ¿Qué debo hacer para estar bien? ¿Qué debo hacer para ser feliz? ¿Qué debo hacer para que mi situación cambie? ¿Qué debo hacer para...?
Si no fueses capaz de hacerlo por ti mismo, pedirás ayuda al exterior. Entra entonces a formar parte del juego la figura del psicólogo o terapeuta, el cual, te ayudará a deshacerte de aquello que no te gusta y que lo que anhelas se pueda llevar a cabo. El foco seguirá, por tanto, en el hacer y en los -buenos- resultados que ello debería reportarte. No te das cuenta de que ese proceder te convierte en un autómata que se guía por estímulos que consideras beneficiosos.
Si tomaras consciencia de esto, tu foco de atención empezaría a cambiar. Ya no estarías tan pendiente de tus conductas, de esa búsqueda del bienestar. Comenzarías por tanto, a centrarte en aquello que puede ayudarte a salir realmente de donde te encuentras: tu interior.
En ese punto:
Te darías cuenta de que lo verdaderamente importante radica en hacer consciente todo aquello que se esconde detrás de las situaciones, y que es lo que realmente te genera malestar.
Te darías cuenta de que esas sensaciones de malestar nada tienen que ver con lo que tú creías (con la situación).
Te darías cuenta de que el acto simplemente es el resultado de un complejo proceso, y es ese proceso el que realmente cuenta.
Te darías cuenta de que un acto por si mismo, no tiene ningún tipo de trascendencia. Así, "no es lo que hago, es dónde estoy cuando lo estoy haciendo".
Finalmente, te darías cuenta, por inverosímil que pueda parecerte, que un mismo acto, hecho desde diferentes puntos de consciencia, no es lo mismo.
Por ello, destina tu energía a hacer consciente lo inconsciente. De lo contrario, seguirás anclado a la ilusión a la que llamas vida.
"La finalidad contamina al acto"