jueves, 20 de marzo de 2025

El acto

Te encuentras inmerso en un estado en el cual lo principal es la evitación del sufrimiento y la búsqueda del bienestar. Para ello, te centras en cambiar las conductas que se interponen en la consecución de tal fin, o en mantener las que te ayudan en el mismo. Si no encuentras la forma en la que debes proceder, te preguntarás: ¿Qué debo hacer para estar bien? ¿Qué debo hacer para ser feliz? ¿Qué debo hacer para que mi situación cambie? ¿Qué debo hacer para...?

Si no fueses capaz de hacerlo por ti mismo, pedirás ayuda al exterior. Entra entonces a formar parte del juego la figura del psicólogo o terapeuta, el cual, te ayudará a deshacerte de aquello que no te gusta y que lo que anhelas se pueda llevar a cabo. El foco seguirá, por tanto, en el hacer y en los -buenos- resultados que ello debería reportarte. No te das cuenta de que ese proceder te convierte en un autómata que se guía por estímulos que consideras beneficiosos.

Centrarte en la acción, simplemente te lleva a cambiar un polo que consideras negativo, por uno que crees que es positivo. No obstante, no eres consciente de que sigues en un laberinto, y ¿¡cómo ibas a serlo si esos resultados supuestamente beneficiosos lo tapan!? 

Si tomaras consciencia de esto, tu foco de atención empezaría a cambiar. Ya no estarías tan pendiente de tus conductas, de esa búsqueda del bienestar. Comenzarías por tanto, a centrarte en aquello que puede ayudarte a salir realmente de donde te encuentras: tu interior.

En ese punto:

Te darías cuenta de que lo verdaderamente importante radica en hacer consciente todo aquello que se esconde detrás de las situaciones, y que es lo que realmente te genera malestar. 

Te darías cuenta de que esas sensaciones de malestar nada tienen que ver con lo que tú creías (con la situación). 

Te darías cuenta de que el acto simplemente es el resultado de un complejo proceso, y es ese proceso el que realmente cuenta. 

Te darías cuenta de que un acto por si mismo, no tiene ningún tipo de trascendencia. Así, "no es lo que hago, es dónde estoy cuando lo estoy haciendo". 

Finalmente, te darías cuenta, por inverosímil que pueda parecerte, que un mismo acto, hecho desde diferentes puntos de consciencia, no es lo mismo. 

Por ello, destina tu energía a hacer consciente lo inconsciente. De lo contrario, seguirás anclado a la ilusión a la que llamas vida.  

"La finalidad contamina al acto"


 

miércoles, 22 de enero de 2025

¿No estás cansado de huir de ti mismo?

Es difícil que salgas de donde estás. Tienes pánico de volver la mirada hacia ti. Eres incapaz de enfrentarte a todo ese contenido, inconsciente para ti, que se halla dentro de ti, en tu mundo interior. No lo sabes, pero este te acompaña allí dónde vas. Piensas que actúas desde ti, que eres dueño de tus actos ¡falacias!

La sensación que das, es la de que realmente no quieres salir de donde te encuentras. Tu foco de atención está dirigido al exterior. Estás totalmente focalizado ahí, y desde ahí, crees que estás haciendo algo por salir de donde estás. Justo en este punto, el montaje que haces sobre las acciones que realizas para afrontar las situaciones que acontecen en tu vida cotidiana, alcanzan su máximo esplendor, pues estás convencido de que estás haciendo algo para enfrentarlas. No eres consciente, por tanto, de que cuanto más crees esto, más enredado estás.

Si dejaras de huir de ti mismo, y así comenzaras a realizar un proceso con lo que tienes dentro, te darías cuenta de que todo, absolutamente todo lo que ocurre en tu vida está filtrado por tu mundo interior. Te harías consciente de que lo que crees que te genera malestar, en realidad, no tiene nada que ver con el exterior, ni con como te tomas lo que ocurre ahí fuera. No obstante, al estar dormido, no eres consciente de nada. Ello te lleva a estar en una constante lucha contra ti, contra los demás, contra lo que ocurre, contra el mundo, contra el destino, y en definitiva, contra ese exterior. Te revelas, te frustras, te sientes impotente. Sin embargo, a lo único que te limitas es a defenderte continuamente, pasando de un extremo considerado por ti como negativo, a su opuesto, o positivo.

El patrón cognitivo-conductual que empleas te conduce a estar en la constante huida, la huida eterna. Desde ahí, te vuelves a encontrar aquello de lo que intentabas escapar con diferentes personas, situaciones, o contextos. Aunque la forma te pudiera resultar diferente, recuerda, que el fondo fue, es y seguirá, hasta que salgas de ahí, siendo el mismo. 

¿No estás cansado? 

Todo es mucho más sencillo:

- Da los pasos que tienes que dar desde un proceso, y por tanto, siendo consciente de lo que hay dentro de ti. 
- Haz en cada momento lo que toca hacer, caminando en paralelo con ese mundo interior. 
- No olvides nunca que el mismo paso fuera de un proceso, lo único que te lleva es a cambiar de escenario. 
- El mundo interior se mueve perfectamente en esa inconsciencia. No obstante, en el momento en el que empiezas a ser consciente, ya no tendrá nunca el mismo poder. 

jueves, 16 de enero de 2025

Demasiadas explicaciones, demasiada complejidad

Eso tiene una razón de ser...

Eso es por algo o para algo...

Eso tiene un propósito...

Eso es para aprender...

Eso es para evolucionar... 

Eso se da para que realice mi proceso...

Eso se da para que coja mi camino...

Todo tiene un propósito en la vida...

Eso fue lo mejor que me pasó en la vida, aunque fue duro y sufrí. ¿Por qué? ¿Para qué? Para mejorar... Bla, bla, bla.

Demasiadas interpretaciones, demasiados montajes, demasiada complejidad. Necesitas dar una explicación a aquello que no comprendes, que no admites, y por tanto, que no aceptas. Necesitas calmar tu sufrimiento, tu ansiedad, sin darte cuenta de que estás en un bucle, en un círculo vicioso. Cada explicación que te das no es más que una pastilla que utilizas para anestesiarte. Cuando el efecto pasa, vuelves a lo mismo de siempre. 

Llegará un momento en que ya no te alivie eso que haces e irás en busca de otras explicaciones. Puede que, en un principio, estas hagan su efecto. No obstante, más tarde o temprano volverás a derrumbarte. Sentirás impotencia ("¿otra vez lo mismo?"), frustración ("¡no puedo hacer nada!") para finalmente caer en el conformismo ("esto es lo que me ha tocado vivir"), y quizás de ahí al pasotismo ("¡que le den!"). 

Ya todo te da igual, no queda más que resignarte frente a la vida que te ha tocado vivir, buscando cual adicto tu próximo chute, en forma de estímulo que te ayude a soportar esta carga.

En el fondo sé que tienes miedo a que todo caiga, no puedes, por tanto, soportar la verdad, pues consideras que tu vida se vendría abajo:

¿Qué pasaría entonces con todo lo que aprendiste?

¿Qué pasaría entonces con todo lo que has vivido y sentido?

¿Qué pasaría entonces con tu mundo?

¿Qué pasaría si te permitieras simplemente escuchar sin defenderte?

¿Merece la pena seguir así? Tu tienes el poder de salir de dónde estás, ¿vas por fin a moverte?

domingo, 10 de noviembre de 2024

¿Quién es el "tonto"?

 "Enseñar a un tonto es querer pegar una olla rota

o despertar a alguien profundamente dormido.


Hablar con un tonto es como hablar con un amodorrado;

al final preguntará: "¿De qué se

trata?"


"Llora por un muerto, porque le falta

la luz;

llora por un tonto, porque le falta la

razón;

llora menos por el muerto, porque ya

descansó;

la vida del tonto es peor que la muerte.


El duelo por los muertos dura siete

días;por los tontos y los malos, todos los días de su vida.


No hables mucho con un tonto, ni visites a un insensato.

Cuídate de él, para no tener problemas y que no te llene de mugre cuando se

sacuda.


Aléjate de él, y vivirás tranquilo y no te molestará su insensatez.

"Habrá algo más pesado que el

plomo?


Sí, "el tonto" es su nombre.

"Es más fácil cargar arena, sal o una bola de hierro, que soportar a un tonto".



¿Quién es el tonto?



sábado, 5 de octubre de 2024

Tu responsabilidad frente a la ilusión de tu vida

Imagina una escalera de caracol en la cual el ascenso se va realizando paulatinamente, de tal forma, que podrías llegar a no ser consciente del mismo. En los niveles más bajos creerás que actúas en base a lo que te encuentras en el exterior. Así, vas a pensar, sentir y actuar conforme a esta creencia. No obstante, si ascendieras un poco más en esa escalera, vislumbrarías que esa realidad no es así. Comenzarías a darte cuenta que lo que pensaste en ese momento, lo que viviste y por tanto, experimentaste, no se debe a lo que realmente creías. Esto te irá acercando cada vez más a la verdad de eso que en su momento vivenciaste a través de tus pensamientos, emociones, y conductas. Concluirás entonces, que todo ello no era real.

Si te quedas en esos niveles más bajos, la realidad que percibes, seguirá siendo imaginaria. Desde ahí quedarás atrapado. No podrás continuar con tu vida. No habrá nunca solución, pues seguirás tomando esa realidad ilusoria como real. Por contra, el ascenso en esa escalera posibilitará que poco a poco vayas viendo más allá, lo cual te llevará a darte cuenta de que aquello que experimentabas en tu vida no era más que una ilusión.

En este proceso, el único responsable eres tú. Es tu responsabilidad saber qué pasa realmente: qué estás viviendo en realidad, y por qué, y cómo actúas frente a ello. No obstante, tiendes a culpabilizar a los demás, al destino, a la suerte, o a Dios, de algo que sólo te corresponde a ti. 

¿Por qué cuando en tu vida se presenta la posibilidad que te ayude a abrir los ojos le das la espalda?

¿Por qué sigues huyendo? 

¿  A qué tienes miedo? 

Deberías saber, si no te has dado cuenta por tus propios medios ya, que esa huida te hace seguir enclaustrado en esa realidad ilusoria, a la que tu llamas vida. Sobreviviendo así, hasta que llegue el final de tus días, como si de un ratón en su rueda se tratara. 

Con motivo de tratar estas y otras cuestiones, os invitamos al próximo seminario que tendrá lugar el  próximo 12 de octubre.

Información y reserva: 650 514 925 / 660 506 265

lunes, 30 de septiembre de 2024

El canto de la Perla

Cuando era un niño
vivía en mi reino en la Casa de mi Padre,
y en la opulencia y abundancia
de mis educadores me solazaba,
cuando mis Padres me equiparon
y enviaron desde el Oriente, nuestra Patria.

De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño.

Era abundante, pero tan liviano que yo solo
podía llevarlo:
Oro de Bet 'Elayye' y
plata de la gran Gazak,
rubíes de la India,
ágatas de la región de Kushán.

Me ciñeron con duro acero,
capaz de quebrar el hierro.
Me quitaron la túnica brillante
que amorosamente Ellos
habían confeccionado para mí,
y la toga purpúrea
que había sido hecha para mi talla.

Hicieron conmigo un pacto y
lo escribieron en mi corazón
para que no lo olvidara:
" Si desciendes a Egipto
y logras traer la Perla única,
la que está en el fondo del mar,
cerca de la serpiente sibilante,
[entonces] vestirás de nuevo tu Túnica brillante
y la Toga que cae por encima de ella,
y con tu Hermano, el más próximo a nuestro rango,
serás el heredero de nuestro Reino."

Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías,
pues el camino era peligroso y difícil,
y yo era joven para recorrerlo.

Atravesé por las fronteras de Mesena,
lugar de parada de los mercaderes de oriente,
llegué a la tierra de Babel
y penetré en las murallas de Sarbug.

Llegué a Egipto y
mis compañeros se separaron de mí.
Fui directo a la serpiente,
y acampé cerca de su morada,
esperando que la pudiera el sueño
y se durmiera y así
poder arrebatarle mi Perla.

Y cuando estaba absolutamente solo,
siendo un extraño para los compañeros
de mi posada,
vi allí a uno de mi raza,
un hombre libre, un oriental,
joven, hermoso y amable,
hijo de nobles,
y vino y se unió a mí.
Lo hice mi amigo íntimo,
un compañero en quien confiar mi propósito.

Le exhorté a guardarse de los egipcios
y de unirse a los impuros.
Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos
para coger la Perla
e impedir que excitaran la serpiente contra mí.

Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era de su país
y con engaños me hicieron comer de sus alimentos.

Olvidé que era hijo de Reyes,
y serví a su rey.

Olvidé la Perla
por la que mis Padres me habían enviado
y, a causa de la pesadez de sus alimentos,
caí en un profundo sueño.

Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis Padres y se apenaron por mí
y salió un decreto en nuestro Reino,
ordenando que todos acudieran a nuestra Corte,
a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles de Oriente,
y determinaron sobre mí
que no fuera abandonado en Egipto.

Me escribieron una carta y
cada noble puso su firma en ella:

"De tu Padre, el Rey de reyes,
y de tu Madre, la Soberana de Oriente,
y de tu Hermano, nuestro segundo [en autoridad],
para ti nuestro hijo, que está en Egipto, ¡Saludos! 
[¡Paz!]

¡Despierta y levántate de tu sueño,
y escucha las palabras de nuestra carta!

¡Recuerda que eres hijo de Reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!
¡Recuerda la Perla por la que
fuiste enviado a Egipto!

Piensa en tu Túnica resplandeciente
y recuerda tu gloriosa Toga,
con la que podrás vestirte y engalanarte
cuando tu nombre sea leído en el 'Libro de los Valientes' 
[Héroes],
y junto con tu Hermano, nuestro Virrey,
estarás en nuestro Reino."

Y mi carta era una carta
que el Rey había sellado con su mano derecha
[para preservarla] de los malvados, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbug.

Voló 
[la carta] como un águila,
el rey de todas las aves;
voló y se posó a mi lado,
y toda ella se convirtió en palabra.

A su voz y al sonido de su murmullo
me desperté y me levanté de mi sueño.

La tomé y la besé, rompí su sello y la leí
y las palabras de mi carta,
eran lo mismo que estaba grabado en mi corazón.

Recordé que era hijo de Reyes
y que mi 'naturaleza libre' buscaba su linaje.

Recordé la Perla
por la que había sido enviado a Egipto,
y comencé a encantar
a la terrible serpiente sibilante.

La hice dormir y caer en un sueño profundo,
cuando pronuncié el Nombre de mi Padre contra ella,
y el Nombre de mi Hermano,
y el de mi Madre, la Reina de Oriente.

Y le arrebaté la Perla,
y emprendí la vuelta a la Casa de mis Padres.

Me quité el vestido sucio e impuro
y lo abandoné en su país
y me encaminé directamente
hacia la Luz de nuestro país, Oriente.

Y mi carta, la que me despertó,
la tenía ante mí durante el camino,
y lo mismo que me había despertado con su Voz,
ahora me guiaba con su Luz,
pues la seda real 
[de la carta] mostraba
su forma luminosa ante mí;
su Voz y su guía también me animaba
a apresurarme y su amor me atraía.

Salí atravesando Sarbug,
dejé Babel a mi lado izquierdo,
y llegué a la gran Mesana,
el puerto de los mercaderes
que se encuentra a la orilla del mar.

Y mi Túnica brillante 
[Vestidura de Luz],
que yo me había quitado,
y mi toga que la revestía,
desde las cumbres de Hircania
mis Padres me las enviaron hasta allí,
por medio de sus tesoreros,
a los que, por su fidelidad,
se las habían confiado;
pero yo no recordaba su dignidad y
que las había abandonado en mi juventud
en la Casa de mi Padre.

Pero, repentinamente,
cuando la tuve frente a mí,
la Vestidura parecía un espejo de mí mismo.

En toda ella pude verme a mí mismo
reflejado por entero,
de manera que éramos dos diferentes,
de nuevo Uno en una sola forma.

Y también a los tesoreros
que me la habían traído,
del mismo modo los vi,
dos en una sola forma,
un solo Signo Real grabado sobre ellos,
el 
[Signo] de Aquel que,
por medio de ellos,
me había restituido mi honor y mi riqueza,
mi adornada túnica brillante,
engalanada con magníficos colores,
con oro y con berilos,
calcedonias y ágatas,
sardónices de variados colores;
ella había sido preparada para enaltecerla,
todas sus costuras habían sido festoneadas
con piedras de diamantes,
y la imagen del Rey de reyes,
toda entera, por todo el 
[tejido]
aparecía bordada en relieve;
y, como la piedra de zafiro,
así sus colores eran variados.

Y nuevamente vi que toda ella 
[la Vestidura],
se agitaba sacudida por el Conocimiento [Gnosis].

Como si de nuevo fuera a hablar,
vi que se preparaba.

Oí el sonido de sus cantos,
que musitaba mientras descendía:
"Soy el más diligente de sus servidores;
por eso he sido enaltecido ante mi Padre".
Y también percibí como mi estatura
crecía al tiempo que realizaba sus trabajos.
Y con un movimiento regio
fue desplegándose toda ella hacia mí,
y de la mano de sus portadores
me incitó a tomarla.

Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro
y la recibiera.

Entonces extendí 
[mi mano] y la recibí;
con sus hermosos colores me engalané,
y quedé completamente cubierto
por mi Toga de brillantes colores.

Me vestí con Ella y fui elevado
a la Corte de la Paz y de la Adoración,
incliné mi cabeza
y adoré el Esplendor de mi Padre
que me la había enviado,
porque yo había cumplido sus Mandamientos,
y Él también Su promesa.

Y en la Corte de sus escribas,
entre sus nobles, fui mezclado,
pues se regocijó por mí, y
me había recibido, y yo
me encontraba con Él en Su Reino.

Y al son de plegarias
todos sus siervos Le alaban.
Prometió también que me presentaría
con Él ante la Corte del Rey de Reyes,
y, con mi ofrenda y mi Perla,
me mostraría junto con Él
ante nuestro Rey.

"Fin del Himno que el Apóstol Judas Tomás, cantó en prisión"
 


lunes, 23 de septiembre de 2024

La sabiduría

Hay en la sabiduría un espíritu 

inteligente, santo, 

único, móvil, lúcido, puro, 

claro, inofensivo, penetrante, 

independiente, firme, seguro, tranquilo, 

que todo lo puede, y a todo está atento, 

que penetra en los que están preparados.


La sabiduría se mueve mejor que el mismo movimiento, 

y, a causa de su pureza, todo lo atraviesa y lo penetra.

Es reflejo de luz eterna. 

Es única y, lo puede todo;

sin cambiar ella misma, todo lo renueva. 

Es más brillante que el sol

y supera a todas las estrellas; 

es superior a la luz del día.

Se extiende de un extremo a otro de la tierra, 

y está por encima de todas las cosas.


*Adaptación Libros Deuterocanónicos. Sabiduría. "Elogio de la sabiduría"