miércoles, 16 de septiembre de 2026

Lo tienes delante de tus narices pero no lo ves

Piensas que tus problemas se encuentran en el exterior: en lo que otros te hacen, en lo que perdiste, en la falta de trabajo, pareja, amigos, o en la mala suerte, el destino, o el karma. Andas preocupado pensando en cómo puedes solucionar esos problemas, buscando respuestas. 
Buscas en todos los sitios habidos y por haber. Curiosamente, el sitio más cercano, más sencillo, y más fácil, es el que siempre pasa desapercibido para ti: tu interior.
¿Paradójico no? Lo tienes delante de tus narices y no lo ves, y sabes ¿por qué? 

Porque has aprendido, y así te han enseñado, a mirar siempre al exterior. No es que tu interior esté oculto o inaccesible. Simplemente, prefieres mirar a donde no tienes que responsabilizarte, a lo que no pone tu mundo "patas arriba", a donde no duele. Has desarrollado una habilidad extraordinaria para interpretar la realidad de manera que no tengas que cuestionarte demasiado. Has perfeccionado narrativas, explicaciones y justificaciones que preservan intacta la imagen que tienes de ti mismo. Y ahí sigues sobreviviendo, el problema no es tuyo, es que los demás, el mundo o la vida, te la tienen sentenciada. Pobrecito de ti ¿te suena?

La solución está ahí, a la vista. Manifestándose en tus relaciones, en tus reacciones emocionales, en tus decisiones, en aquello que te irrita, en aquello que persigues compulsivamente y en aquello de lo que huyes. ¡Cambian los actores pero el patrón persiste! No obstante, sigues sin verlo, sigues huyendo, porque el pararte implicaría algo terrible para ti: el enfrentamiento contigo mismo. 
Si lo hicieras, te darías cuenta que tu discurso es una falacia, que no se sostiene. Todo caería, y entonces ¿a quién vas a culpabilizar? Tendrías, por tanto, que responsabilizarte y, parece que no estás dispuesto a ello.
Pasan los años y ahí sigues, "volando", defendiéndote, sobreviviendo frente a una vida que consideras injusta, una vida desperdiciada, una vida con un triste final.
 






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