domingo, 21 de junio de 2026

La inconsciencia humana. Tú inconsciencia

Crees que actúas desde la razón, desde la voluntad, sabiendo lo que deseas en cada momento. Piensas por tanto, que eres dueño de tus actos. Por esta razón consideras que eres tú el que decide lo que quiere o no en tu vida. No te cuestionas nada más allá.

Ignoras, que lo que piensas, sientes o haces, está dirigido por un mundo interior, del cual no eres consciente, que se limita a revivir una y otra vez un pasado que no has logrado entender, y que consecuentemente cada vez está mas distorsionado. En lugar de destinar tus esfuerzos a lograr entender porqué tuviste que vivir aquello que viviste, decides reprimirlo, utilizando para ello los mecanismos de defensa más sofisticados que tengas a tu alcance. Por tanto, cuanto más elaborados sean, mejor. Si además tienen una buena dosis de racionalidad, y objetividad y encima aparentan madurez, mejor aún. Ya si además, le puedes añadir una dosis victimización, y culpabilización exterior, te coronas.

¡Importante! Culpabilizar al otro es lo más utilizado y lo ideal. No obstante, también puedes culpabilizar al destino, la mala suerte, o la época en la que te ha tocado vivir. No obstante, si quieres darle un toque más trascendental no olvides culpabilizar al karma, la infancia, o algún trauma no resuelto (si es en la infancia, mejor que mejor). Así, darás a entender que estás más elevado que el resto.

Por supuesto, no te pares a leer lo que quiero transmitirte, no vaya a ser que te des cuenta de algo. En lugar de esto, sigue protegiéndote, autoengañándote. Negando la evidencia. Aquello que siempre estuvo -y está- delante de tus ojos y no tienes la fuerza, el coraje y la valentía de reconocer. Mientras tanto...

Sigue llamando vivir, a lo que en realidad es sobrevivir.
Sigue llamando exterior, a lo que en realidad es interior. 
Sigue llamando al destino, a lo que en realidad es un patrón. 
Sigue llamando presente, a lo que en realidad es pasado.
Sigue llamando realidad, a lo que en realidad es una ilusión.  

¡Sigue!

viernes, 1 de mayo de 2026

El efecto Troxler. ¿Dónde focalizas tu atención?

El efecto Troxler ocurre cuando fijas la mirada en un punto durante varios segundos y los estímulos periféricos, como los círculos de alrededor, comienzan a desaparecer porque el cerebro se adapta a señales que no cambian: al reducirse los micro movimientos involuntarios de los ojos, la imagen queda estable en la retina, las neuronas disminuyen su respuesta y la corteza visual filtra esa información por considerarla irrelevante, priorizando el estímulo central; así, los círculos no dejan de existir, sino que el cerebro deja de representarlos conscientemente, ya que está diseñado para detectar cambios y no estímulos constantes.

Esto mismo ocurre en tu vida y no eres consciente de ello. Constantemente mantienes la mirada fija en el exterior: objetivos, resultados, reconocimiento, afecto... y en definitiva estímulos. Estímulos que consideras que te dan el bienestar que tanto ansias. Sin darte cuenta, entrenas a tu mente a ignorar lo que hay en tu interior, y eso a lo que no atiendes no sólo no desaparece, sino que cada vez se hace más grande. Se te acumula, te lastra y cada vez te pesa más. No obstante, ¿de qué te vas a dar cuenta si sigues focalizado en ese ruido exterior?

El resultado es que cada vez te encuentras más desorientado, perdido y, consecuentemente, desconectado de ti. Inmerso en ese exterior, absorbido por el mismo, intentas tapar esto que sientes con más estímulos, más actividad, más distracción. 

Mientras tanto, la vida te susurra a través de las situaciones que te encuentras, y que con toda probabilidad se repiten (cada vez más fuertes, ¿te suena?). Nada es casual, pero tú así lo interpretas. Es entonces, cuando el cuerpo comienza a hablarte: una molestia, una tensión... Sin embargo, harás lo de siempre: tapar, anestesiar y continuar. Entonces tu cuerpo, ya no hablará, gritará, implorando que hagas algo. A pesar de ello, volverás a ignorar sus señales, pues total y absolutamente focalizado en las cosas el mundo, tu atención se centrará ahí. 

El impacto entonces llegará, sacudiéndote de arriba a abajo, el parón ya no es opcional, es obligatorio, e incrédulo te preguntarás ¿por qué a mi? 

No te das cuenta que no fue de repente, que hubo señales, muchas, y repetidas. Sin embargo, tu foco de atención estaba lejos, muy lejos de ti, tan lejos que no supiste darte cuenta de ello. 

Recuerda que la vida no deja de mostrarte lo que necesitas, pero eres tu quién elige donde pone su foco de atención. Salir de ese estado de inercia no es fácil, no es suficiente con “mirar hacia dentro”. Para ello debes salir del ruido externo, darte cuenta de lo que hay delante de ti a nivel externo, sin evasiones, sin interpretaciones... sin defensas. Sólo así podrás comenzar a dirigir la mirada hacia el lugar en el que siempre debió estar: tu interior. Sólo así podrás realmente salir del estado de sonambulismo en el que llevas toda tu vida. 




lunes, 2 de marzo de 2026

La verdadera autoridad

La verdadera autoridad no nace del volumen de la voz, sino de la estabilidad interior. La firmeza brota de la conciencia, y se nota no solo a nivel verbal sino también en tu postura, en tu respiración, en tu mirada... tus gestos.  Es la capacidad de decir “hasta aquí” sin que te tiemble el pulso, de marcar un límite "sin sentirte" culpable y de mantener la calma cuando el otro espera que explotes. 

La agresividad es una reacción impulsiva. Cuando la base de tus actuaciones es esta, tus palabras se contaminan, por tanto, están cargadas de emoción, pero vacías de dirección. Actuar impulsivamente puede darte una sensación momentánea de poder, pero casi siempre deja consecuencias. Recuerda, que la rabia nubla la precisión y esta es indispensable cuando se decidió hablar.  Cuando gritas, en realidad cedes poder; cuando te alteras, demuestras que algo te desbordó. 

En cambio, cuando hablas con tono sereno, firme y directo, transmites algo que impacta mucho más: autocontrol. Es la calma de quien ya decidió. Esa calma descoloca más que cualquier estallido, porque no ofrece grietas por donde entrar. En este punto, cada una de las frases que pronuncias tiene una intención. Ya no necesitas por tanto, amenazas, ni dramatismos, tampoco adornos o discursos interminables. Tu discurso se vuelve breve, claro y definitivo. 

Hablar con firmeza y autoridad serena es un acto de madurez. Es comprender que no todo se tolera ni negocia. Es dejar de actuar desde el miedo a incomodar y empezar a actuar desde lo que toca. A veces será necesaria la toma de medidas drásticas, cortar dinámicas de raíz o retirarte sin dar explicaciones.  No obstante, recuerda, no hace falta violencia para que algo se termine. Hace falta decisión.

Cuando eres consciente de esto, hay algo que cambia en tu manera de relacionarte con los demás, ya nada puede volver a ser igual, pues tus acciones ya no son una pose, sino una realidad. 

miércoles, 18 de febrero de 2026

No es no puedo, es no quiero

Te quedas donde estás porque sientes que estás cómodo. Te quedas ahí, porque crees que estás ganando algo. Ves beneficios. Piensas que mantener tu posición, tu forma de actuar, tu rutina, te compensa. No obstante, lo que no ves —o no quieres ver— es que esos supuestos beneficios son barrotes invisibles.

Ese beneficio aparentemente puede darte lo que tú quieres: afectividad, atención, ser el centro de tu entorno, que se preocupen por ti, aprobación, seguridad económica, reconocimiento social o una sensación de control que te conduce a una supuesta estabilidad. A pesar de ello, en ocasiones te paras -o te paran más bien-, te hacen reflexionar, y te preguntan: ¿es ese el camino que realmente quieres?

Es en ese preciso instante donde ese "no quiero", que encuentra su base en los pseudobeneficios, se apodera de ti. No dices “no quiero salir”, dices “no puedo salir, me da miedo”. No dices “esto me limita”, dices “esto me conviene”. Juegas con el uso del lenguaje y con eso intentas cambiar tu percepción, distrayéndote, defendiéndote, negándote la evidencia, lo que los hechos objetivos te muestran. Tu encierro entonces se vuelve una elección total y absolutamente consciente. 

Cuanto más tiempo mantienes ese intercambio, migajas de beneficio por grandes porciones de vida, más se fortalece la ilusión que has creado. Ya no defiendes tu elección: la necesitas, pues no sabes vivir sin eso. En este momento reconocer el autoengaño tiene un coste demasiado alto. Tu margen de salida se reduce. Lo que al principio era un cambio, quizás doloroso pero viable, con el tiempo te parece poco menos que imposible. No porque no exista alternativa, sino porque te metiste tanto, tan al fondo, tan profundo que al final acabaste cavando tu propia tumba.

Sólo cuando dejes de disfrazar tu realidad, negando la evidencia y empieces a reconocer que lo que llamas beneficio, no es más que una atadura, comenzará la posibilidad real de salir de dónde estás.

lunes, 2 de febrero de 2026

¡Eres idiota!

Te empeñas en librar batallas en escenarios que jamás han existido, derrochando los días con obstinación ciega, malgastando el tesoro irrepetible que es la propia vida. Te agitas, te defiendes, construyes enemigos en rincones de tu mente, y conviertes tu tránsito por el mundo en una guerra constante contra algo imaginario, que sólo existe en tu cabeza.

Desde tu idiotez, te esfuerzas en construir conflictos inexistentes. Para ello, creas dramas superfluos, participas con fervor en disputas ajenas, haces tuyas ofensas que no te pertenecen y defiendes causas nacidas de tu orgullo y del miedo que atesoras. Te aferras a la razón como a un estandarte, sin advertir que pierdes la paz en cada contienda, que cada discusión innecesaria es un fragmento de existencia, de tú existencia, que no regresará jamás. 

Más tarde, cuando el cansancio te empieza a pesar y el vacío se te hace evidente, buscas con desesperación la felicidad que tu idiotez se encargó de destruir. Imploras a Dios, a los ángeles, a los astros, a la propia vida, o a quién sé yo, una vida distinta después de haber reducido a escombros la que tenías.

¿Sabes qué ocurre? Mientras tanto, la vida avanza, silenciosa, indiferente a tus guerras ficticias. Los días se suceden sin pausa, las estaciones cambian, el tiempo no se detiene. 

Finalmente, llegas a la vejez, la última, y maravillosa, etapa de este viaje llamado vida. Periodo que debería servirte para descansar. No obstante, ahí sigues: amargado, resentido, atrincherado en tu propio campo de batalla imaginario. Fuiste incapaz de soltar, de comprender, de vivir sin convertir -casi- cada instante en una lucha que jamás debió comenzar. 

Y lo más trágico no es haber vivido en una guerra imaginaria, sino no haberte dado cuenta que el verdadero enemigo nunca estuvo fuera. No obstante, no olvides que mientras sigas respirando estás a tiempo. Tú decides.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad

La Navidad no habla de un nacimiento ideal, habla de uno inevitable. Algo empezó a gestarse el día que elegiste tu camino. Debes tener presente que cada decisión tomada fue construyendo una experiencia que tenía que vivirse. No para castigarte, sino para despertarte.

Nada de lo que ocurrió fue un desvío. Fue el camino exacto que tenías que recorrer, y por tanto, este resultó imprescindible para que hoy estés aquí. 

Algunos verán lo que antes no veían y otros seguirán deambulando, perdidos, creyendo que hicieron lo que tenían que hacer, o directamente sin ver ni siquiera lo que tienen delante de sus narices. 

A ti, que realmente lo intentas, que no tiras la toalla, y que te levantas cada vez que te caes, recuerda: no juzgues tus elecciones pasadas, solo úsalas para que ya no puedas seguir igual. 

A ti, que sigues sin hacer nada... ¡buena suerte!

La Navidad simboliza ese momento incómodo y sagrado a la vez: cuando lo viejo ya no sostiene y lo nuevo todavía no tiene forma. Ahí nace algo. No como ilusión, sino como claridad. No como promesa, sino como responsabilidad.

Hoy no nace un salvador externo. Nace la consecuencia de haberte mirado de frente. Nace una conciencia verdadera.

Que esta Navidad no te invite a seguir volando. Permite que nazca en ti aquello que ya no puede seguir esperando.

¡Feliz Navidad. No por lo que fue, sino por lo que ahora ya no puedes ignorar!

jueves, 13 de noviembre de 2025

Se un guerrero en la batalla

No seas un soldado en la batalla. Sé un guerrero en ella. A primera vista parecen lo mismo: ambos luchan, ambos enfrentan el conflicto. No obstante, distinguir la diferencia entre uno y otro es esencial, pues entre ambos va un abismo: El soldado actúa por deber; el guerrero, por comprensión.

El soldado obedece órdenes. Lucha porque alguien le dijo que debía hacerlo. No cuestiona, no observa, simplemente reacciona. Su fuerza proviene del miedo, de la obediencia, de la necesidad de cumplir con lo establecido. Vive en la confusión del combate, sin entender del todo por qué pelea ni qué sentido tiene su esfuerzo. El soldado está en las tinieblas. 

El guerrero, en cambio, no lucha por mandato ni por orgullo. No se mueve desde la rabia ni desde la necesidad devencer. Se mantiene en el centro de la batalla como un observador consciente, respondiendo solo cuando es necesario. No agrede, no destruye, no se deja arrastrar por la furia del entorno.

El guerrero comprende lo que está ocurriendo, y esa comprensión le da calma. Permanece firme, sin huir ni perder su paz interior. No se mueve desde la reacción, sino desde la claridad.

El soldado pelea contra el enemigo; el guerrero enfrenta el conflicto sin perderse en él.

El soldado teme la oscuridad; el guerrero camina hacia la luz.

Ser guerrero no significa ser pasivo. A veces será necesario actuar con energía, incluso con fuerza. No obstante, esa fuerza no nace de la ira, sino de la lucidez.

El guerrero puede ser enérgico por fuera y profundamente sereno por dentro, y esa es la gran diferencia: El soldado hace lo que “debe” hacer; el guerrero hace lo que tiene que hacer.


"El deber nace de la obediencia. La acción del guerrero nace de la consciencia".

jueves, 23 de octubre de 2025

No, tú no eres tus emociones

Cuando dejas que la emoción te envuelva, la objetividad se apaga, y la razón se disuelve. Ya no ves el hecho tal y como es. Das por hecho, lo interpretas, o montas una historia tras él. Lo criticas, lo juzgas, lo maldices, y/o deformas. Ya no lo observas, reaccionas. Pierdes la claridad, y por tanto, aunque crees estar viendo la realidad, solo ves una versión distorsionada de la misma, teñida por lo que sientes en ese instante. Ya eres preso de ella, y verás lo que esta te permite ver.
Recuerda que las emociones distorsionan. Ves lo que temes, lo que deseas, lo que rechazas, pero no lo que es. Así, la rabia muestra enemigos. El miedo crea amenazas. La tristeza pinta sombras donde no las hay, y el deseo disfraza espejismos de verdades. Por eso, si no se ve, te posee. 
No pienses que la emoción es mala, son solo movimientos internos que surgen frente a algo que no entiendes. Son tu defensa frente a lo que ignoras. Recuerda que es pasajera, igual que surge, y se eleva, se desvanece. No la alimentes, si te confundes con ella, te arrastra, y salir te costará más. Recuerda por tanto, que tú no eres lo que sientes, no eres tus emociones. No te confundas con ellas. 
Obsérvalas. Para ello, respira, tranquilízate, intenta mantenerte objetivo, concentrado. ¿Qué piensas en ese momento?   
Recuerda esto y la emoción irá perdiendo poder hasta desaparecer. Sólo así podrás ver la realidad que se esconde tras ella, sólo así podrás ver la realidad tal y como es.





viernes, 17 de octubre de 2025

La balda de la estantería

Una estantería está hecha para colocar entre otras cosas, libros. Puedes poner los que quieras, siempre dentro de un límite. No obstante, ese límite no es una línea exacta, es algo invisible, que a priori no sabrías señalar con certeza.  

Aunque no se sobrepase, cada aumento de peso ejerce su presión sobre la balda, dejando así su huella. Quizás no te des cuenta al principio, pues tu foco de atención no está en la estantería. Además todo parece firme, y equilibrado, como si nada pasara ¿verdad? 

Día tras día, el peso se hace presente. La balda empieza a ceder apenas un milímetro, luego otro, y otro, y así sucesivamente. Se comba lentamente, sin ruido, sin que lo notes. Hasta que un día, tu mirada se dirige hacia la estantería, y más concretamente hacia aquella balda que ya no está como las demás. Parece que como por arte de magia esta se curvó. Te das cuenta entonces que esa balda ha perdido su forma original.

Entonces, podrás lamentarte, podrás maldecir, te preguntarás porqué no te diste cuenta antes, e irás rápidamente a quitar el sobrepeso que quizás nunca debió haber soportado. Haciendo esto, impedirás que la balda se siga combando. No obstante, ya jamás volverá a recuperar su forma original, pues el peso que esta soportó dejó en ella su marca para siempre.






miércoles, 17 de septiembre de 2025

La respuesta

No debes buscar la respuesta fuera. Esta no se encuentra en promesas externas, ni en los logros que tratas de perseguir para sentirte completo. Esa respuesta solo surge cuando te atreves a mirar dentro de ti. 

Antes de acercarte a la respuesta, hay un territorio inevitable que debes atravesar: la sombra. Ese lugar interno donde tus certezas se desmoronan y las ilusiones que sostenían tu vida se quiebran. Es ahí donde lo conocido deja de tener fuerza, donde lo que te parecía estable ahora se convierte en arenas movedizas. 

Sé que te inquieta perder el suelo bajo el que crees que se apoyan tus pies, sé que tienes miedo de que lo que crees que eres se derrumbe. No obstante, debes tomar ese momento como lo que es; una puerta que se abre ante ti. Puede que sientas ese tránsito como una noche oscura del alma, un estado en el que el dolor parece interminable. Sin embargo, es precisamente en la oscuridad donde la vida germina. 

La semilla no nace bajo el sol, sino enterrada en la tierra, en lo oculto, en un proceso invisible a los ojos. Solo después de ese tiempo de maduración en la sombra brota hacia la claridad. Así ocurre también contigo. Cuando todo parece apagado, lo que sucede, en realidad es que algo nuevo está naciendo. 

La muerte es el inicio de un renacer, y por tanto, resulta imprescindible. Como toda muerte, viene acompañada de dolor, pero no es la muerte la que te lo provoca, sino el resistirte a soltar lo que debes dejar se vaya, lo que ya caducó, y por tanto no tiene ya lugar en ti. Rema a tu favor, y no en tu contra, pues ello sólo prolongará tú dolor.

"La respuesta no puede ser dada, debe ser vivida". 

martes, 8 de julio de 2025

Un destello, una posibilidad

Vives rodeado de estímulos, de ruido, de formas. Todo parece que puede ser explicado a través de lo observable, medible u objetivable. Cada vez el mundo va más rápido, con cerebros adictos a la dopamina, que no quieren pausas. No obstante, hay momentos en los que para ti, algo se abre, no hacia afuera, sino hacia adentro. Hay algo que capta tu atención, bien por el impacto emocional que ello produce en ti, o porque te das cuenta de que lo que llamas vida, en esencia es una repetición de acontecimientos, que te hacen "vivir" cada jornada como el día de la marmota, o simplemente, sientes que algo no encaja, o que el que no encaja eres tú. 

Es en ese preciso momento, en ese preciso instante, donde la magia comienza a aparecer. Esta se da cuando hay algo que capta tu atención más allá de lo que puedes ver con tus ojos, más allá de lo aparentemente evidente. Quizás no puedas explicarlo con palabras, pero de algún modo lo sientes, te hace dudar, sabes que en cierta forma está ahí, a decir verdad siempre estuvo, parece que puedes tocarlo aunque sea intangible, etéreo.

Eso invisible, profundo y desconocido para ti debería comenzar a cobrar más sentido que lo tangible, que lo que conoces, que lo que has andado tantas y tantas veces y ya sabes como termina... Ello debería posibilitar el inicio de un camino hacia lo desconocido, que solo puedes comenzar si confías. No obstante, confiar no es tener garantías, sino estar dispuesto a soltar el control, a dejarte fluir, sin defensas, sin barreras, sin una cabeza llena de ideas, simplemente caminar, por elección, sin deseos, sin anhelos, entregándote así al misterio.

Sin embargo, sabes también cómo yo, que a pesar de haberlo sentido, tus creencias, y tus emociones, fortalecerán tus defensas. Comenzarás a convencerte de que todo aquello que experimentaste no eran más que absurdos y te dirás que para qué empezar algo nuevo, si a fin de cuentas no estás tan mal ¿verdad?

Esa luz que asomó se irá poco a poco apagando, para al final terminar difuminándose en la nada. Entonces, simplemente continuarás con eso que insistes en llamar vida. 

Pero ¡recuerda! Quizás no tengas un mapa para este viaje. Solo señales, intuiciones, pequeños destellos en la sombra. Pero si algo de esto resonó en ti, es porque ya estás cerca. Tal vez ya hayas empezado a cruzar el puente sin ser consciente de ello. 

No olvides que cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, tienes la posibilidad de elegir ese camino del que hasta ahora rehúyes. Si tienes la fortaleza de iniciarlo, ya nada será igual, no habrá marcha atrás, porque empezarás a tocar la realidad, y eso lo cambia todo.


"La verdadera magia comienza cuando aprendes a ver más allá de lo evidente, cuando te das cuenta que hay algo más profundo sosteniendo todo lo que crees ver". 




lunes, 30 de junio de 2025

Al iniciar tu camino

Al iniciar tu camino recuerda que este no puede ser definido, debe ser vivido. Para ello, haz lo que debe ser hecho, sin resistencias y sin apegos, sin objetivos y recompensas. 

Camina en el aquí y ahora, con plena atención, sin proyecciones ni nostalgias. Ten cuidado con tus emociones, no permitas que estas dicten el curso de tu acción. No te enredes en un futuro que tan solo existe como idea, o en el recuerdo de un pasado que ya no es. Deja por tanto a un lado, lo que fuiste o creíste ser, lo que lograste o perdiste. Estos pensamientos no deben entorpecer el momento presente.

Contempla con lucidez y sin juicio lo que se aleja, observando sin aferrarte. Lo que deba partir, permite que parta. No te dejes engañar por lo que tu llamas pérdidas. Nada real se pierde. Se va lo que tiene que irse. No es un castigo, no es una tragedia, simplemente ya no tiene que estar, ya no tiene razón de ser, y cae como una hoja cuando ya ha cumplido su tiempo. No te apegues. No sufras por dejar ir. Solo se disuelve lo que ya no debe estar.

No confundas por tanto, tu camino con tus deseos. No proyectes sobre él tus anhelos porque esa identificación distorsionará tu visión y te anclará a la ilusión. El deseo tan solo es el movimiento del ego. Pensarás que has despertado cuando en realidad te habrás dormido más profundamente. La ilusión disfrazada de avance es el velo más denso. 

Recuerda que en el camino no hay bueno ni malo, ni correcto ni incorrecto, ni éxito ni fracaso. Por tanto, no juzgues la dureza de un acto ni el alivio de otro; actúa desde la quietud. Los opuestos son creaciones que necesitas para sentirte seguro, pues aún no has visto más allá. No obstante, debes saber que la realidad del camino trasciende toda dualidad. 


martes, 10 de junio de 2025

Un camino de autoconocimiento

En el camino hacia el autoconocimiento, más que avanzar hacia un destino externo, te embarcas en una travesía interior profunda. Para ello, estás obligado a atravesar la realidad ilusoria en la cual te encuentras inmerso.

Debes hacer un proceso consciente, para ir dejando atrás lo que no eres. No se trata de acumular información sobre ti mismo, sino de ver más allá. Sin filtros, sin máscaras, enfrentándote a tus creencias, pensamientos, emociones, y conductas. A todo lo que has aprendido, a todo lo que crees que es... a tu sombra. 

No solo es saber sobre ti, como información, sino vivir ese camino, implicándote en él para así ir adquiriendo el conocimiento que te haga ir despertando. Posteriormente, irás abriendo los ojos, y viendo realmente donde te encuentras. Ello te conducirá a ir atravesando la ilusión que has construido a lo largo de tu vida, y que tomas como real.

Este camino, no invita a la mejora, no es un cambio del polo negativo al positivo, no hay objetivos, ni nada que se le pueda parecer. Por contra, puede resultarte incómodo, duro, e incluso desgarrador, pues supone abrirte de los pies a la cabeza, y reconocer lo que llevas años negándote. Para recorrerlo debes tener fuerza, perseverancia y voluntad. Responsabilizándote de lo que vayas encontrando en él. Sin defensas, sin excusas, sin justificaciones. Sólo así podrás realizar un proceso de autoconocimiento real.


¿Crees que te conoces?

jueves, 20 de marzo de 2025

El acto

Te encuentras inmerso en un estado en el cual lo principal es la evitación del sufrimiento y la búsqueda del bienestar. Para ello, te centras en cambiar las conductas que se interponen en la consecución de tal fin, o en mantener las que te ayudan en el mismo. Si no encuentras la forma en la que debes proceder, te preguntarás: ¿Qué debo hacer para estar bien? ¿Qué debo hacer para ser feliz? ¿Qué debo hacer para que mi situación cambie? ¿Qué debo hacer para...?

Si no fueses capaz de hacerlo por ti mismo, pedirás ayuda al exterior. Entra entonces a formar parte del juego la figura del psicólogo o terapeuta, el cual, te ayudará a deshacerte de aquello que no te gusta y que lo que anhelas se pueda llevar a cabo. El foco seguirá, por tanto, en el hacer y en los -buenos- resultados que ello debería reportarte. No te das cuenta de que ese proceder te convierte en un autómata que se guía por estímulos que consideras beneficiosos.

Centrarte en la acción, simplemente te lleva a cambiar un polo que consideras negativo, por uno que crees que es positivo. No obstante, no eres consciente de que sigues en un laberinto, y ¿¡cómo ibas a serlo si esos resultados supuestamente beneficiosos lo tapan!? 

Si tomaras consciencia de esto, tu foco de atención empezaría a cambiar. Ya no estarías tan pendiente de tus conductas, de esa búsqueda del bienestar. Comenzarías por tanto, a centrarte en aquello que puede ayudarte a salir realmente de donde te encuentras: tu interior.

En ese punto:

Te darías cuenta de que lo verdaderamente importante radica en hacer consciente todo aquello que se esconde detrás de las situaciones, y que es lo que realmente te genera malestar. 

Te darías cuenta de que esas sensaciones de malestar nada tienen que ver con lo que tú creías (con la situación). 

Te darías cuenta de que el acto simplemente es el resultado de un complejo proceso, y es ese proceso el que realmente cuenta. 

Te darías cuenta de que un acto por si mismo, no tiene ningún tipo de trascendencia. Así, "no es lo que hago, es dónde estoy cuando lo estoy haciendo". 

Finalmente, te darías cuenta, por inverosímil que pueda parecerte, que un mismo acto, hecho desde diferentes puntos de consciencia, no es lo mismo. 

Por ello, destina tu energía a hacer consciente lo inconsciente. De lo contrario, seguirás anclado a la ilusión a la que llamas vida.  

"La finalidad contamina al acto"


 

miércoles, 22 de enero de 2025

¿No estás cansado de huir de ti mismo?

Es difícil que salgas de donde estás. Tienes pánico de volver la mirada hacia ti. Eres incapaz de enfrentarte a todo ese contenido, inconsciente para ti, que se halla dentro de ti, en tu mundo interior. No lo sabes, pero este te acompaña allí dónde vas. Piensas que actúas desde ti, que eres dueño de tus actos ¡falacias!

La sensación que das, es la de que realmente no quieres salir de donde te encuentras. Tu foco de atención está dirigido al exterior. Estás totalmente focalizado ahí, y desde ahí, crees que estás haciendo algo por salir de donde estás. Justo en este punto, el montaje que haces sobre las acciones que realizas para afrontar las situaciones que acontecen en tu vida cotidiana, alcanzan su máximo esplendor, pues estás convencido de que estás haciendo algo para enfrentarlas. No eres consciente, por tanto, de que cuanto más crees esto, más enredado estás.

Si dejaras de huir de ti mismo, y así comenzaras a realizar un proceso con lo que tienes dentro, te darías cuenta de que todo, absolutamente todo lo que ocurre en tu vida está filtrado por tu mundo interior. Te harías consciente de que lo que crees que te genera malestar, en realidad, no tiene nada que ver con el exterior, ni con como te tomas lo que ocurre ahí fuera. No obstante, al estar dormido, no eres consciente de nada. Ello te lleva a estar en una constante lucha contra ti, contra los demás, contra lo que ocurre, contra el mundo, contra el destino, y en definitiva, contra ese exterior. Te revelas, te frustras, te sientes impotente. Sin embargo, a lo único que te limitas es a defenderte continuamente, pasando de un extremo considerado por ti como negativo, a su opuesto, o positivo.

El patrón cognitivo-conductual que empleas te conduce a estar en la constante huida, la huida eterna. Desde ahí, te vuelves a encontrar aquello de lo que intentabas escapar con diferentes personas, situaciones, o contextos. Aunque la forma te pudiera resultar diferente, recuerda, que el fondo fue, es y seguirá, hasta que salgas de ahí, siendo el mismo. 

¿No estás cansado? 

Todo es mucho más sencillo:

- Da los pasos que tienes que dar desde un proceso, y por tanto, siendo consciente de lo que hay dentro de ti. 
- Haz en cada momento lo que toca hacer, caminando en paralelo con ese mundo interior. 
- No olvides nunca que el mismo paso fuera de un proceso, lo único que te lleva es a cambiar de escenario. 
- El mundo interior se mueve perfectamente en esa inconsciencia. No obstante, en el momento en el que empiezas a ser consciente, ya no tendrá nunca el mismo poder. 

jueves, 16 de enero de 2025

Demasiadas explicaciones, demasiada complejidad

Eso tiene una razón de ser...

Eso es por algo o para algo...

Eso tiene un propósito...

Eso es para aprender...

Eso es para evolucionar... 

Eso se da para que realice mi proceso...

Eso se da para que coja mi camino...

Todo tiene un propósito en la vida...

Eso fue lo mejor que me pasó en la vida, aunque fue duro y sufrí. ¿Por qué? ¿Para qué? Para mejorar... Bla, bla, bla.

Demasiadas interpretaciones, demasiados montajes, demasiada complejidad. Necesitas dar una explicación a aquello que no comprendes, que no admites, y por tanto, que no aceptas. Necesitas calmar tu sufrimiento, tu ansiedad, sin darte cuenta de que estás en un bucle, en un círculo vicioso. Cada explicación que te das no es más que una pastilla que utilizas para anestesiarte. Cuando el efecto pasa, vuelves a lo mismo de siempre. 

Llegará un momento en que ya no te alivie eso que haces e irás en busca de otras explicaciones. Puede que, en un principio, estas hagan su efecto. No obstante, más tarde o temprano volverás a derrumbarte. Sentirás impotencia ("¿otra vez lo mismo?"), frustración ("¡no puedo hacer nada!") para finalmente caer en el conformismo ("esto es lo que me ha tocado vivir"), y quizás de ahí al pasotismo ("¡que le den!"). 

Ya todo te da igual, no queda más que resignarte frente a la vida que te ha tocado vivir, buscando cual adicto tu próximo chute, en forma de estímulo que te ayude a soportar esta carga.

En el fondo sé que tienes miedo a que todo caiga, no puedes, por tanto, soportar la verdad, pues consideras que tu vida se vendría abajo:

¿Qué pasaría entonces con todo lo que aprendiste?

¿Qué pasaría entonces con todo lo que has vivido y sentido?

¿Qué pasaría entonces con tu mundo?

¿Qué pasaría si te permitieras simplemente escuchar sin defenderte?

¿Merece la pena seguir así? Tu tienes el poder de salir de dónde estás, ¿vas por fin a moverte?

domingo, 10 de noviembre de 2024

¿Quién es el "tonto"?

 "Enseñar a un tonto es querer pegar una olla rota

o despertar a alguien profundamente dormido.


Hablar con un tonto es como hablar con un amodorrado;

al final preguntará: "¿De qué se

trata?"


"Llora por un muerto, porque le falta

la luz;

llora por un tonto, porque le falta la

razón;

llora menos por el muerto, porque ya

descansó;

la vida del tonto es peor que la muerte.


El duelo por los muertos dura siete

días;por los tontos y los malos, todos los días de su vida.


No hables mucho con un tonto, ni visites a un insensato.

Cuídate de él, para no tener problemas y que no te llene de mugre cuando se

sacuda.


Aléjate de él, y vivirás tranquilo y no te molestará su insensatez.

"Habrá algo más pesado que el

plomo?


Sí, "el tonto" es su nombre.

"Es más fácil cargar arena, sal o una bola de hierro, que soportar a un tonto".



¿Quién es el tonto?



sábado, 5 de octubre de 2024

Tu responsabilidad frente a la ilusión de tu vida

Imagina una escalera de caracol en la cual el ascenso se va realizando paulatinamente, de tal forma, que podrías llegar a no ser consciente del mismo. En los niveles más bajos creerás que actúas en base a lo que te encuentras en el exterior. Así, vas a pensar, sentir y actuar conforme a esta creencia. No obstante, si ascendieras un poco más en esa escalera, vislumbrarías que esa realidad no es así. Comenzarías a darte cuenta que lo que pensaste en ese momento, lo que viviste y por tanto, experimentaste, no se debe a lo que realmente creías. Esto te irá acercando cada vez más a la verdad de eso que en su momento vivenciaste a través de tus pensamientos, emociones, y conductas. Concluirás entonces, que todo ello no era real.

Si te quedas en esos niveles más bajos, la realidad que percibes, seguirá siendo imaginaria. Desde ahí quedarás atrapado. No podrás continuar con tu vida. No habrá nunca solución, pues seguirás tomando esa realidad ilusoria como real. Por contra, el ascenso en esa escalera posibilitará que poco a poco vayas viendo más allá, lo cual te llevará a darte cuenta de que aquello que experimentabas en tu vida no era más que una ilusión.

En este proceso, el único responsable eres tú. Es tu responsabilidad saber qué pasa realmente: qué estás viviendo en realidad, y por qué, y cómo actúas frente a ello. No obstante, tiendes a culpabilizar a los demás, al destino, a la suerte, o a Dios, de algo que sólo te corresponde a ti. 

¿Por qué cuando en tu vida se presenta la posibilidad que te ayude a abrir los ojos le das la espalda?

¿Por qué sigues huyendo? 

¿  A qué tienes miedo? 

Deberías saber, si no te has dado cuenta por tus propios medios ya, que esa huida te hace seguir enclaustrado en esa realidad ilusoria, a la que tu llamas vida. Sobreviviendo así, hasta que llegue el final de tus días, como si de un ratón en su rueda se tratara. 

Con motivo de tratar estas y otras cuestiones, os invitamos al próximo seminario que tendrá lugar el  próximo 12 de octubre.

Información y reserva: 650 514 925 / 660 506 265

lunes, 30 de septiembre de 2024

El canto de la Perla

Cuando era un niño
vivía en mi reino en la Casa de mi Padre,
y en la opulencia y abundancia
de mis educadores me solazaba,
cuando mis Padres me equiparon
y enviaron desde el Oriente, nuestra Patria.

De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño.

Era abundante, pero tan liviano que yo solo
podía llevarlo:
Oro de Bet 'Elayye' y
plata de la gran Gazak,
rubíes de la India,
ágatas de la región de Kushán.

Me ciñeron con duro acero,
capaz de quebrar el hierro.
Me quitaron la túnica brillante
que amorosamente Ellos
habían confeccionado para mí,
y la toga purpúrea
que había sido hecha para mi talla.

Hicieron conmigo un pacto y
lo escribieron en mi corazón
para que no lo olvidara:
" Si desciendes a Egipto
y logras traer la Perla única,
la que está en el fondo del mar,
cerca de la serpiente sibilante,
[entonces] vestirás de nuevo tu Túnica brillante
y la Toga que cae por encima de ella,
y con tu Hermano, el más próximo a nuestro rango,
serás el heredero de nuestro Reino."

Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías,
pues el camino era peligroso y difícil,
y yo era joven para recorrerlo.

Atravesé por las fronteras de Mesena,
lugar de parada de los mercaderes de oriente,
llegué a la tierra de Babel
y penetré en las murallas de Sarbug.

Llegué a Egipto y
mis compañeros se separaron de mí.
Fui directo a la serpiente,
y acampé cerca de su morada,
esperando que la pudiera el sueño
y se durmiera y así
poder arrebatarle mi Perla.

Y cuando estaba absolutamente solo,
siendo un extraño para los compañeros
de mi posada,
vi allí a uno de mi raza,
un hombre libre, un oriental,
joven, hermoso y amable,
hijo de nobles,
y vino y se unió a mí.
Lo hice mi amigo íntimo,
un compañero en quien confiar mi propósito.

Le exhorté a guardarse de los egipcios
y de unirse a los impuros.
Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos
para coger la Perla
e impedir que excitaran la serpiente contra mí.

Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era de su país
y con engaños me hicieron comer de sus alimentos.

Olvidé que era hijo de Reyes,
y serví a su rey.

Olvidé la Perla
por la que mis Padres me habían enviado
y, a causa de la pesadez de sus alimentos,
caí en un profundo sueño.

Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis Padres y se apenaron por mí
y salió un decreto en nuestro Reino,
ordenando que todos acudieran a nuestra Corte,
a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles de Oriente,
y determinaron sobre mí
que no fuera abandonado en Egipto.

Me escribieron una carta y
cada noble puso su firma en ella:

"De tu Padre, el Rey de reyes,
y de tu Madre, la Soberana de Oriente,
y de tu Hermano, nuestro segundo [en autoridad],
para ti nuestro hijo, que está en Egipto, ¡Saludos! 
[¡Paz!]

¡Despierta y levántate de tu sueño,
y escucha las palabras de nuestra carta!

¡Recuerda que eres hijo de Reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!
¡Recuerda la Perla por la que
fuiste enviado a Egipto!

Piensa en tu Túnica resplandeciente
y recuerda tu gloriosa Toga,
con la que podrás vestirte y engalanarte
cuando tu nombre sea leído en el 'Libro de los Valientes' 
[Héroes],
y junto con tu Hermano, nuestro Virrey,
estarás en nuestro Reino."

Y mi carta era una carta
que el Rey había sellado con su mano derecha
[para preservarla] de los malvados, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbug.

Voló 
[la carta] como un águila,
el rey de todas las aves;
voló y se posó a mi lado,
y toda ella se convirtió en palabra.

A su voz y al sonido de su murmullo
me desperté y me levanté de mi sueño.

La tomé y la besé, rompí su sello y la leí
y las palabras de mi carta,
eran lo mismo que estaba grabado en mi corazón.

Recordé que era hijo de Reyes
y que mi 'naturaleza libre' buscaba su linaje.

Recordé la Perla
por la que había sido enviado a Egipto,
y comencé a encantar
a la terrible serpiente sibilante.

La hice dormir y caer en un sueño profundo,
cuando pronuncié el Nombre de mi Padre contra ella,
y el Nombre de mi Hermano,
y el de mi Madre, la Reina de Oriente.

Y le arrebaté la Perla,
y emprendí la vuelta a la Casa de mis Padres.

Me quité el vestido sucio e impuro
y lo abandoné en su país
y me encaminé directamente
hacia la Luz de nuestro país, Oriente.

Y mi carta, la que me despertó,
la tenía ante mí durante el camino,
y lo mismo que me había despertado con su Voz,
ahora me guiaba con su Luz,
pues la seda real 
[de la carta] mostraba
su forma luminosa ante mí;
su Voz y su guía también me animaba
a apresurarme y su amor me atraía.

Salí atravesando Sarbug,
dejé Babel a mi lado izquierdo,
y llegué a la gran Mesana,
el puerto de los mercaderes
que se encuentra a la orilla del mar.

Y mi Túnica brillante 
[Vestidura de Luz],
que yo me había quitado,
y mi toga que la revestía,
desde las cumbres de Hircania
mis Padres me las enviaron hasta allí,
por medio de sus tesoreros,
a los que, por su fidelidad,
se las habían confiado;
pero yo no recordaba su dignidad y
que las había abandonado en mi juventud
en la Casa de mi Padre.

Pero, repentinamente,
cuando la tuve frente a mí,
la Vestidura parecía un espejo de mí mismo.

En toda ella pude verme a mí mismo
reflejado por entero,
de manera que éramos dos diferentes,
de nuevo Uno en una sola forma.

Y también a los tesoreros
que me la habían traído,
del mismo modo los vi,
dos en una sola forma,
un solo Signo Real grabado sobre ellos,
el 
[Signo] de Aquel que,
por medio de ellos,
me había restituido mi honor y mi riqueza,
mi adornada túnica brillante,
engalanada con magníficos colores,
con oro y con berilos,
calcedonias y ágatas,
sardónices de variados colores;
ella había sido preparada para enaltecerla,
todas sus costuras habían sido festoneadas
con piedras de diamantes,
y la imagen del Rey de reyes,
toda entera, por todo el 
[tejido]
aparecía bordada en relieve;
y, como la piedra de zafiro,
así sus colores eran variados.

Y nuevamente vi que toda ella 
[la Vestidura],
se agitaba sacudida por el Conocimiento [Gnosis].

Como si de nuevo fuera a hablar,
vi que se preparaba.

Oí el sonido de sus cantos,
que musitaba mientras descendía:
"Soy el más diligente de sus servidores;
por eso he sido enaltecido ante mi Padre".
Y también percibí como mi estatura
crecía al tiempo que realizaba sus trabajos.
Y con un movimiento regio
fue desplegándose toda ella hacia mí,
y de la mano de sus portadores
me incitó a tomarla.

Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro
y la recibiera.

Entonces extendí 
[mi mano] y la recibí;
con sus hermosos colores me engalané,
y quedé completamente cubierto
por mi Toga de brillantes colores.

Me vestí con Ella y fui elevado
a la Corte de la Paz y de la Adoración,
incliné mi cabeza
y adoré el Esplendor de mi Padre
que me la había enviado,
porque yo había cumplido sus Mandamientos,
y Él también Su promesa.

Y en la Corte de sus escribas,
entre sus nobles, fui mezclado,
pues se regocijó por mí, y
me había recibido, y yo
me encontraba con Él en Su Reino.

Y al son de plegarias
todos sus siervos Le alaban.
Prometió también que me presentaría
con Él ante la Corte del Rey de Reyes,
y, con mi ofrenda y mi Perla,
me mostraría junto con Él
ante nuestro Rey.

"Fin del Himno que el Apóstol Judas Tomás, cantó en prisión"